La práctica integral del yoga

En estas semanas, en clase volvemos a repasar los ocho miembros del yoga para que los nuevos alumnos que se incorporan vayan conociendo los conceptos, aunque su práctica deba incorporarse en cada secuencia que realizamos, tal y como Patánjali lo sugiere en los aforismos 28 y 29 del Libro II de los Yoga Sutras que dice así: «Tal como indica el término “miembro” escogido para designarlo, estos son indisociables y actúan en estrecha relación los unos con los otros.»

Claro está, podemos practicar sólo la disciplina física y respiratoria ( asana y pranayama); hacer ejercicios de meditación (pratyahara,dharana y dhyana); o practicar las disciplinas relacionales y personales (yamas y niyamas) que, desde luego, nos será útil para alcanzar mayor calidad de vida. Pero no es así como se camina hacía el objetivo final del yoga que es la fusión con la fuente (samadhi).

Por eso hoy no te hablaré de los ocho miembros sino de los siete que constituyen la práctica, el camino hacia el objetivo final del yoga que es un estado, el estado de ser con la vida. La no separación.

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Comenzamos:

De lo más burdo a lo más sutil. Lo más denso con lo que contamos es nuestro cuerpo físico así que probablemente sea este quien te demande a ponerte en contacto con la práctica y comiences a hacer estiramientos. Al principio te darás cuenta de que tu cuerpo va por un lado y tu respiración por otra y será a fuerza de escuchar a la profesora diciendo que armonicemos la respiración con el movimiento como irás unificando estos dos aspectos de asana y pranayama. A medida que vas cogiendo las riendas de la respiración, irás adquiriendo el gusto por las técnicas de pranayama, realizando cada vez propuestas más completas.

Será la respiración quien te permita profundizar en las asanas entrando cada vez más en tu cuerpo, llevando así tus sentidos hacia tus espacios internos (pratyahara). Mientras estás con la atención dirigida hacia el cuerpo y hacia la respiración, tu mente permanece concentrada (dharana) y tus pensamientos se van haciendo cada vez más distanciados, más lentos, creando pequeños espacios entre unos y otros y son en estos espacios donde finalmente te encuentres en meditación (dhyana).

Paralelamente por ti misma/o, o por los comentarios que se hacen en clase, por la actitud de la profesora, de los alumnos más avanzados, o por el clima de serenidad y sencillez de la sala, las disciplinas relacionales (yamas) y personales (niyamas) se te irán descubriendo y comenzarás a tener el deseo de practicarlas tanto dentro como fuera de la clase.

Practicar la amabilidad, sinceridad, honestidad, moderación y sobriedad son los aspectos que nos ayudarán en nuestras relaciones. (Yamas)

La amabilidad o bondad condiciona a todas las demás actitudes, ya que implica una observación y atención por el bienestar propio y ajeno. Cuidando no dañar ni con la acción ni con el pensamiento, así como elegir mejorar el bienestar. Imprescindible esta actitud en un grupo de yoga y en nuestra práctica personal. (Ahimsa)

Teniendo en cuenta esta actitud bondadosa, tu sinceridad buscará la autenticidad de cada palabra y cada momento sin ello herir a otros y teniendo en cuenta que cada uno tiene su propia verdad. La sinceridad te aportará la sabiduría que aleja la ignorancia. (Satya)

Con honestidad aprecias qué es lo justo, alejándote de desear aquello que no necesitas o no te corresponde o para lo que no estás preparado en este momento. Dar el valor que cada cosa tiene y reconocer que sólo puedes pedir respeto cuando respetas lo ajeno. (Asteya)

La moderación en cada una de nuestras acciones y especialmente en las relaciones crea entrega y compromiso mutuo que eleva nuestra energía. (Brahmacharia)

La sobriedad es el fruto de todas las anteriores además de crear la armonía que requieren las cinco disciplinas personales. La simplicidad, la falta de deseo, la ausencia de competitividad te aleja del miedo al fracaso y a la carencia y te abre a compartir. (Aparigraha)

La disciplina personal, nos lleva a elegir mejorar la calidad de nuestras acciones, acentuar nuestra atención y desarrollar claridad y paz. La purificación, la aceptación, la práctica del equilibrio, el autoestudio y el desapego. (Niyamas)

La limpieza o la purificación a todos los niveles, física, emocional, mental nos libera de los obstáculos que entorpecen nuestra salud y nuestras acciones, la claridad de la mente nos conduce a intenciones más nobles y profundas. (Saucha)

La aceptación de las cosas tal y como se presentan entendiendo el aprendizaje que nos traen,  desarrollando paciencia, sabiendo que todo es temporal, tomando las cosas con sentido del humor, favorece un estado de felicidad interior, de contentamiento. (Santosha)

La práctica del equilibrio es la disciplina base del yoga, equilibrar desde la cantidad y calidad de lo que comemos, la intensidad de las asanas y la respiración, la regularidad con la que practicamos la meditación, el estudio, etc. (Tapas)

El autoestudio es la búsqueda personal que despierta en nosotros el discernimiento, la capacidad de conocer las cosas tal y como son ayudándonos de la práctica de asanas y pranayama, de la enseñanza y sobre todo de la meditación. (Svadhyaya)

El desapego o la ausencia de ego, cuando reconocemos algo más elevado que nuestro yo personal, y damos las gracias continuamente por todas las cosas entregando el fruto de nuestras acciones, desapegándonos de ellas y confiando en un poder superior que lo envuelve todo. (Isvarapranidhana)

Mientras en tu esterilla realizas tus asanas, respiras o practicas la meditación no estamos pensando en el samadhi pues ese es el fruto final del yoga y ya hemos hablado otras veces que practicamos con desapego y practicar con desapego es estar receptivos y abiertos a lo que cada momento nos traiga, conociéndonos cada día un poco más, aceptando cada parte de nosotros, cuidando de nuestro bienestar y del de los demás, sembrando en nuestro corazón y en cada una de nuestras células semillas nobles que en algún momento brotarán y nos mostrarán el Amor.

Mientras tanto, sigamos practicando.

Con mucha Luz.

Este artículo esta firmado por Luz Albor, profesora de Viniyoga y directora de Vida Zenter

Luz Albor

Luz Albor

Directora de Vida Zenter y profesora de Yoga

Formada en Viniyoga por la escuela Escuela Internacional Viniyoga con certificación reconocida por la AEPY

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